Mi familia

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lunes, 7 de noviembre de 2016

Regalar tiempo

Regalar ¡qué palabra tan rara y demodé! Hoy no se regala, todo está en venta.
La intimidad, vendida a las revistas de moda, los insultos y corruptelas, envueltos en palabras huecas en los periódicos y en boca de todos.
Los discursos políticos interminables que perjudican al país, y desencantan a las personas, siempre corriendo, continuamente estresadas, corriendo contra el reloj del tiempo.
Sin embargo hay algo que contrariamente no se vende, al revés, se regala diariamente en silencio, repartiendo un poco de felicidad en este mundo desquiciado y hedonista. Me refiero al tiempo, el que se emplea ayudando a los demás, sin prebendas ni aplausos, con pausa y delicadeza, poniendo un puntito de amor a los más necesitados, es decir al prójimo.
¿Es imposible? No, todo es empezar; miren ustedes, el día tiene las horas precisas, pero éstas se pueden alargar, quitando cosas prescindibles, la tele basura, el uso de redes sociales que distraen la atención de nuestros jóvenes.
Háganme caso, prueben un fin de semana, para leer un buen libro, hacer tertulias familiares tras las comidas, pasear media hora mirando la naturaleza y dando gracias a Dios de todo lo que nos rodea.