Ser
más mujer es difícil hoy en día, los anuncios en la tele nos explican cómo
adelgazar en veinte días, las revistas
del corazón nos muestran unas bellísimas y operadas féminas, propietarias de
grandes apartamentos en Manhattan ó París, que son admiradas por su elegancia y
“savoir faire”, mientras los ciudadanos de a pie, madres desconocidas, luchamos
día a día, con el super, los exámenes finales de nuestros hijos, la
organización de la casa, etc… Acostándonos tarde, zurciendo los pantalones de
algún travieso, sacando de congelador la comida del día siguiente, mientras
ponemos el desayuno familiar, sin hacer mucho ruido pues todos duermen.
Y
nos preguntamos en esos momentos, ¿qué estamos haciendo tantas horas, tantos
días, aparentemente iguales? ¿Para qué?
Y
viene la respuesta lógica y sabia; somos madres de familia trabajadoras, sin
horario fijo, siempre dispuestas a poner hielo en un chichón, mientras cocemos
las lentejas de “master chef” y en ratos libres, charlamos con nuestros hijos,
somos más mujeres porque en cada momento damos cariño, pensamos en la familia
siempre, creamos ilusiones en los hijos y reforzamos un país que necesita
nuestro apoyo, y la sensibilidad de tantas mujeres que cubren el espacio de los
hogares acogedores donde se atienden dificultades y se comparten alegrías,
fomentando el buen humor.
Se
es más completa; aunque no salgamos en las revistas de los famosos; ponemos el
corazón en lo que hacemos y hacemos todo con el corazón, sonriendo al final del
día, cuando la casa está en silencio, mientras recogemos la ropa caída en algún
cuarto, sabemos sonreír cansadas, perdonar aún dolidas, querer a todos aunque
otros no nos amen.
Ser
más mujer es una cualidad que se adquiere poco a poco, con paciencia, mucho
amor y sentido de eternidad.