No
es una cuestión semántica, ni un error; se debería escribir con hache de
hienas, con hache de horror, de hacer el mal, de mentir a los ciudadanos de
forma descarada y bien urdida, envolviendo con una falsa e hipócrita caridad
las atrocidades más absurdas con el prójimo, so pretexto de ser buenos
samaritanos.
Nos
quieren vender la burra vieja, como si fuera un caballo de competición ganador
de aplausos.
Matar
fríamente, usando el dolor de la desesperación de un semejante, es un crimen
disfrazado, se mire por donde se mire.
La
intención es aviesa, soberbia de falsos dioses que intentan cambiar el curso
moral de la vida, con una burda pirueta maldita.
Pienses
ustedes en los valores morales, en el Don de la Vida Sagrado (lo quieran ó no)
y redacten leyes justas, que ayudando más a los cuidados paliativos necesarios,
permitan a nuestros mayores morir en paz, rodeados de la familia y el cariño
que se merecen.
Entonces
quitaré no sólo la hache del mal hacer, y del horror; añadiré el olvido de una
palabra que nunca debió existir, cambiándola por el amor al prójimo, reflejado
en la verdad de una muerte digna, camino de la Eternidad.