Mi familia

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martes, 23 de julio de 2019

Un mendigo en Buenos Aires

Dan pena, desharrapados, vestidos con ropas usadas, que les quedan holgadas ó cortas, el chaleco de grandes bolsillos, donde meten sus pocos enseres, un paquete de cigarros, una cuchara de peltre, unas telas de lanilla que usan a modo de pañuelo y asoman por el borde de la camisa; a veces les anudan al cuello para evitar las bajas temperaturas.
Es invierno en Buenos Aires, la gente vuelve deprisa a sus trabajos, no mira alrededor y menos a las aceras y portales, donde bajo una raída manta han dormido de madrugada.
Son parte del paisaje cotidiano, como tal, personajes anodinos, sin caras que recordar.
Sin embargo hace unos días contemplé con asombro una escena real; la Plaza Recoleta, bullía entre visitantes de todas razas, unas parejas bailaban tangos, al son de una vieja radio colocada en el suelo, (que gemía tiempos mejores), y un sombrero se llenaba de pesos al son del mítico baile.
Dos turistas de mediana edad, iban con paso rápido atravesando la esquina sin mirar demasiado, apresuraron el paso los últimos segundos antes de cerrar el semáforo.
Entonces apareció él, alto, ropa oscura, coleta gris recogida y abundante, se envolvía en una frazada blanca anudada al cuello, tenía un zapato roto. Hacía señas entre la gente, a cierta distancia se podía pensar en un robo, nada menos cierto.
Un autobús saltó a gran velocidad sin respetar los últimos parpadeos del semáforo, los turistas no lo oyeron llegar; entonces el mendigo, abrió los brazos, moviendo la manta al viento, y se plantó ante la guagua agitando sus manos abiertas; el conductor frenó de golpe con un fuerte chirriar de llantas: pocas personas se dieron cuenta de aquel arrojo, el instante que separa una tarde de compras al sol, de un accidente rápido, eso es una “causalidad”, un soplo de viento fresco, que me envolvió unos momentos. Fueron unos segundos inenarrables que presencié desde el cruce, a las cuatro de la tarde.
Apoyada en un árbol, temblando, vi la manta tirada en el suelo, y comprendí sobrecogida, que el mendigo desharrapado, había hecho un acto heroico con naturalidad, arriesgándose para salvar dos vidas desconocidas. Desapareció, sin más, no me dio tiempo para darle un abrazo y entender que sus dos alas se escondían bajo la frazada blanca, ahora pisoteada en el pavimento.
Le di las gracias por lo bajito, sabiendo que los ángeles nos cuidan a diario, a veces se camuflan de jóvenes, otras de mendigos, que se dejan ver de vez en cuando, silenciosamente, si son las cuatro de la tarde en Recoleta entre el bullicio de la gente que vuelve a sus trabajos, una tarde fría de invierno, mientras se oyen milongas y tangos en una vieja radio rodeada de monedas, que repite “Mi Buenos Aires querido”.
Gracias.

lunes, 3 de junio de 2019

Un teatro muy especial

Fue el que vimos el viernes pasado en el Centro Cívico LA RANILLA…
Se representaba en él DIEZ NEGRITOS, obra bien conocida de la escritora AGATHA CHRISTIE. El elenco, lo componían un grupo de actores solidarios, llamado AL-HANIZ, sabíamos de su maestría en otras ocasiones.
Fueron dos horas deliciosas, desde el atrezzo  impecable, la interpretación fantástica en su sencillez, el suspense flotando en el aire, los tonos oscuros y la música disonante e inquieta, recogían a la perfección, la intriga policíaca, sin decaer un momento.
Sencillamente genial, al subir el telón, los espectadores, en pie, aplaudimos como se hace en Sevilla, a rabiar y con ritmo acompasado y constante.
Y es que el grupo de Teatro que dirige SORAYA FALCÓN y su compañía, son  especiales: trabajadores, que  en sus ratos libres, ensayan sin descanso, dando lo mejor de sí mismos en escena; regalan sin engreimiento su tiempo, a diversas ONG y COLECTIVOS CON ESCASEZ DE RECURSOS, desinteresadamente.
Gracias de verdad, por trasladarnos sin sentir a la consulta de un dentista algo loco, o a los amoríos del siglo XVIII, como a los barrios tenebrosos de Londres en los cuentos de Navidad de Charles Dickens, narrando la avaricia de Scrooge.
Sabéis llegar al público, no solamente como profesionales, hay algo más: ese “fair play” que engancha al espectador con la imaginación y el humo de la fantasía, haciendo de ello, una realidad vivida  en el escenario.
Muchas gracias por ese teatro especial.

lunes, 13 de mayo de 2019

La Bondad del Papa

Escuchamos la otra noche, una entrevista hecha al Papa Francisco, por un afamado periodista.
La edad distinta de los interlocutores se notaba, las preguntas rápidas y duras a veces, chirriaban en los oídos. Nuestro Papa contestaba con delicadeza, sabiduría y caridad, mucha caridad que me emocionó.
Pensaba y decía, como lo que es, un sacerdote abnegado trabajador innato de los necesitados, que pasó entre barro y suciedad en las favelas más de 20 años; allí practicó el Amor al prójimo y siguió haciéndolo, cuando le nombraron Obispo en su Argentina natal.
Visitaba frecuentemente las cárceles y enfermos, luego como Cardenal elegido en Roma, siguió recorriendo periferias, con sus viejos zapatones diariamente.
Elegido en el Cónclave como máximo representante de la Iglesia Católica, sus primeras palabras en el balcón, fueron “recen, recen ustedes mucho por mí”.
Y es lo que debemos hacer con respeto y devoción los cristianos de verdad, queriendo en demasía, aprendiendo de un Santo la sencillez bondadosa, incluso sus errores gramaticales, que quedan sobrepasados por su preparación y cercanía; le debemos un respeto indudable y sincero, por la enorme labor que hace diariamente y el peso que lleva sobre sus espaldas.
Me duele como católica practicante, ese desmesurado afán de encontrar defectos, a quien representa a Cristo en la tierra, sin mirar nuestras faltas que son las más fuertes y a veces escondemos con réplicas ácidas y fuera de tono; quizás nos veamos tan insignificantes, tan pigmeos y empequeñecidos en la verdadera caridad y el Amor al prójimo que no palpamos el bien de los demás.
Vayamos a las periferias ayudando a los más necesitados, sonriamos a quien nos hiere, perdonemos a quien nos hizo mal antaño, ayudemos a construir vidas y nuevas Patrias.
Me vienen a la cabeza las palabras de un Santo que decía frecuentemente:
- “Señor, que yo sea bueno, y los demás mejores que yo”.
Ese debe ser el buen talante de un cristiano, con hombría de bien, aprendiendo “La bondad del Papa Francisco”.
Muchas gracias.

miércoles, 6 de febrero de 2019

Estamos locos ó no?


Me refiero a quienes defendemos la vida por encima de todo, como el bien más preciado que Dios nos regaló, siguiendo las leyes morales, que a veces no coinciden con los intereses políticos y monetarios.
Hay que saber discernir entre el bien y el mal, la verdad ó las mentiras; es difícil, pues la sociedad hedonista, con ribetes de “buenismo” intenta convencernos de lo contrario, usando el lenguaje ladinamente, convirtiendo las mentiras en verdades propagadas mil veces y manipuladas con habilidad: un claro ejemplo:
Se habla de “la interrupción del embarazo” un servicio social, rápido y eficiente para quitar un problema.
Es incierto a todas luces, lo correcto es decir:
Masacrar a un inocente que no puede defenderse, haciendo a una mujer desgraciada muchos años, psicológicamente afectada en su comportamiento que revertirá después en la familia.
¿Estamos locos ó no? ¿Por decir la verdad sin tapujos, por escuchar pacientemente, con cariño, a las miles de mujeres que vienen en busca de ayuda?
Quieren sencillamente oír de nuestros labios lo que sienten en su interior, y la sociedad no les dice:
Reciben un punto de vista distinto y alentador, que les anima a seguir su conciencia, esa voz de Pepito Grillo que nos avisa de los peligros inminentes.
Los PRO-VIDA no estamos locos, no, decimos la verdad, que molesta a algunos, cumplimos lo que prometemos, sin recibir prebendas, somos aconfesionales y apolíticos, porque atendemos a todas, sin mirar razas ó religión:
No nos pronunciamos con ningún partido, solamente ayudamos a discernir la verdad, lo recto y justo para salvar a tantos inocentes.
La vida, ese Don Sagrado, que recibimos gratuitamente, debe ser respetada, y recibir apoyo de los estamentos políticos, premiando a las mujeres con empuje y fomentar la maternidad, como están haciendo otros países; Inglaterra donde se prima los dos primeros años de lactancia y cuidados maternos; Hungría es la pionera en este campo, y Suecia seguido de Francia, caminan en ese proyecto.
Esa labor callada, constante y eficaz, está haciendo subir la natalidad, consiguiendo que Europa envejecida y cansada, se llene de savia nueva y mejore estos proyectos en pro- de los ciudadanos. Creando más empleos y posibilidades a los jóvenes que no tendrán que emigrar a otros lares, lejos de sus familias; solucionando así las esperanzas de trabajo a los que empiezan en ello.
¿Estamos locos ó no? ¿Por dar a quienes lo necesitan cariño y protección desinteresadamente?
Cuerdos, bien cuerdos, en este país de viejos, que no escucha el llanto de los nasciturus, que no siente la alegría de una sonrisa agradecida, pues eso ayuda, que se queja, pero no se decide a cambiar, que varía de chaqueta según el viento que más fuerte sopla, la indiferencia culpable, y no pone freno “a las matanzas injustas” trocando las pequeñas leyes de hombres con mentalidad rancia y será culpable de terminar con un país grande glorioso en gestas de hombres valientes que entendieron dar el todo por los demás, con sinceridad y valentía, llevando España al culmen de su grandeza histórica.
Creo que la razón se demuestra haciendo el bien que nos dicta nuestra recta conciencia.
Esto pueden avalarlo más de 12.000 niños salvados en Sevilla.
“Nunca tantos, debieron tanto a tan pocos” (Winston Churchill).
¿De verdad, creen ustedes que estamos locos?
Muchas gracias.