Mi familia

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lunes, 25 de enero de 2021

Los Santos de lo ordinario

 La palabra Santo, nos lleva con la imaginación a pensar en una estatua de mayor o menor tamaño, algo relamida, empolvada por los años y colocada en una Iglesia antigua. 

Nada de eso es así pues tuve la suerte de conocer en Roma al Beato Álvaro del Portillo y a D. Javier Echeverría, primeros sucesores de San Josemaría Escrivá, al que no conocí en vida, pero sí a través de sus escritos y diversas tertulias cinematográficas. Tres mosqueteros en el cielo, unidos en la fe y la alegría. Ellos cambiaron la faz del mundo, envueltos en una sotana de AMOR y una pronta sonrisa; esa que se alcanza con el sacrificio diario y lleva a querer al prójimo más que a uno mismo. 

Desde Sevilla, en sus calles, va por los tres un brindis al sol, con agradecimiento a la constancia, por su inmensa labor, sabiendo además, que el sucesor D. Fernando Ocáriz , actual Prelado del Opus Dei, tomó la alternativa hoy, hace cuatro años y no se dejará ganar en bien hacer y gallardía, siendo así el cuarto miembro entre ellos, como relataba Alejandro Dumas en sus escritos : el Prelado como, sus antecesores, viajará, trabajará sin descanso, recorriendo países, abriendo escuelas o Universidades, visitando enfermos,… dejando una impronta especial e imborrable en sus libros. 

Ya se sabe …“Los Santos de lo ordinario” son así, sencillos generosos , entregados, y recios: para todos un gran ejemplo a seguir. 

Muchas gracias

martes, 19 de enero de 2021

Sin palabras

En estos terribles momentos de pandemia, enfermedad y dolor mundial, me faltan las palabras para expresar los sentimientos encontrados. Sí, eso es, la angustia, el sufrimiento de mis seres queridos, el miedo real que se palpa, los silencios de la calle y la respuesta de tantos médicos y sanitarios, policías y voluntarios que luchan denodadamente para salvar vidas, exponiendo las suyas diariamente.

Ninguno de nosotros hemos pedido nacer ahora, ni tan siquiera elegimos el lugar o los progenitores, nos han venido dados, lo que sí debemos decidir es “cómo vivir”, en plenitud, agradecimiento por lo que recibimos cada día; en sonreír aunque nos pueda el cansancio, atendiendo a nuestras familias y a todos los necesitados de cariño, con hambre de compañía y pobreza real: en suma dar amor sin esperar aplausos y prebendas.

Este virus ha servido para enclaustrarnos en casa, sí, pero nos une más a todos, rezamos en familia, practicamos la escuela virtual con hijos, nietos y amigos, creando nuevos valores que reverdecen con el dolor común.

La pandemia, nos ha enseñado a mirar nuestra vida como prestada y ha sacado del fondo del saco que llevábamos a la espalda como un fardo, convirtiendo en un plis las virtudes escondidas; la fe, esperanza y caridad, algo empolvadas con el stress diario.

Finalmente descubrimos que podemos elegir cómo vivir, perdonando, saboreando un atardecer, un paisaje blanco y majestuoso o las estrellas desde el balcón.

Aprenderemos a ser alegres sin jactancias, comprensivos con los que tienden la mano pudorosa, recomenzaremos cada día regalado, haciendo el bien que elegimos libremente por Amor.

Sin palabras, tomo prestadas las del gran poeta místico San Juan de la Cruz, que rezan “no temas que al atardecer del día, nos examinarán de Amor”.

Muchas gracias.