Las mentiras disfrazadas son los discursos de los famosos, millonarios y políticos en época de elecciones, de los listillos de turno, que quieren convencernos del rápido arreglo del país, gracias a un marketing bien planeado y una desfachatez sin nombre.
Todos
ellos, lobos disfrazados de corderos, presumen de la ayuda a los más
necesitados, solucionando problemas que sus contarios no terminaros.
¿Cómo
podemos creerles si no practican lo que prometen, ni tienden una mano a las
familias desestructuradas llevando los recursos necesarios que impidan sus
desesperación’
Vemos
también impunemente como cada cinco minutos muere un niño indefenso en un
abortorio, pagado además con nuestros impuestos.
Contemplamos
sin despeinarnos cifras de dinero desaparecido, dinero que compra poder, poder
que recoge favores y votos, al carísimo precio de millones de vidas cercenadas
y admitimos una frase manida y manipulada tan hábilmente que parece verdad. “La
mejor, la interrupción del embarazo”, ¡ojo! Eso no es verdad; se interrumpe
algo que luego se puede continuar, ej. una lectura, una luz, etc…en el embarazo
no se puede hacer, sencillamente se mata de forma cruel y diaria, a miles de
niños, con técnicas abrasivas, durísimas, y de fuerte succión en un frío
quirófano.
No
nos cuenten mentiras que nadie cree ya, formas de legislar que nos horrorizarán
años más tarde.
Somos
un país de viejos, cada día más, los jóvenes emigran buscando nuevos
horizontes.
Pónganse
las pilas, creen empleos, incentiven proyectos, en lugar de abortorios,
recuperen el dinero malgastado en estos últimos treinta años, y devuelvan así
la honradez e ilusión perdidas.
Construyan,
no deshagan, cumplan, prometan, realicen cambios sensatos.
España,
señores políticos, lo merece, el país lo necesita, y las mentiras disfrazadas,
déjenlas en casa, está a punto de terminar el carnaval.