Siempre lo pensé, no por ser mi país: creo firmemente que ante la adversidad crece. En épocas anteriores defendiendo cada palmo de tierra y luchando en batallas casi perdidas hasta triunfar gallardamente.
Ayer tarde
presenciamos un evento especial, donde afiancé los valores de generosidad y
alegría. Constituido por la familia “MAS” nos explicaban su comienzo, humildes
trabajadores y decididos, sí señor, uniendo sus ahorros, tirándose a la
piscina; se implicaron ayudando a los más necesitados.
Silenciosos y
tenaces, reunieron un gran equipo de valores cristianos y humanos, repartieron
cada vez más comidas en la pandemia; siguen su camino con el lema “Dar a
quien lo necesita de verdad es la mayor alegría”.
Desde su comienzo,
todos como una gran piña trabajaron voluntariamente, en los barrios de las
periferias, cada día. Profesionales, periodistas, empresarios, parlamentarios,
concejales, hermandades, economistas, carretilleros, directores, proveedores y
hermanados sencillamente por la sonrisa feliz que compensa “regalar tiempo y
trabajo haciendo felices a los que nada tienen”.
Arrojo, bondad y una
lección de caridad sencilla, callada y eficaz que nos enseña el camino de la
sinceridad recia y del bien hacer.
En ella va la
esperanza, virtud teologal y capaz de amar al prójimo, eso es lo que debemos
hacer para reconstruir una España renovada, especial y rica en generosidad
alegre.
Muchas gracias amigos
del equipo “MAS”.
Amanece de nuevo una
España renovada. Gracias por su magnífico ejemplo.
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