Cuando se está
trabajando en una ONG codo a codo con la tristeza, a veces la impotencia, las
más la alegría de una sonrisa de los niños, se conocen como dice el Papa
Francisco, las periferias. Rodeando estas fuertes impresiones notamos que nos
acompañan muchas buenas personas.
La que deja sus
ahorrillos para comparar ropita, los voluntarios que día a día acuden sin
desmayo ni recibir nada a cambio regalando trabajo y tiempo a raudales, en
lugar de sentarse cómodamente en el sofá tras la comida.
Hace días nos llamó
una pareja de novios que va a casarse pronto, médicos los dos, nos encargaron
los pin’s preciosos emblemas de Pro-vida, unos sencillos piececitos de niños de
10 semanas y llevarlos así en la solapa. Hicieron un pedido de 350 unidades y
regalar a sus tantos invitados a la ceremonia, un acto solidario de bondad,
amor y sensatez.
Con ello, rubricaban
sus amor a la vida y enseñaban el camino a seguir ayudando a las mujeres
necesitadas; poco despilfarro en fruslerías y cariño a los no-nacidos.
Nuestro asombro dio
paso a la luz, personas así hacen renacer la esperanza en los jóvenes pensando
que hay solución aún para este país, tras muchas dificultades.
Existen, sí que
existen muchas personas buenas.