Mi familia

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miércoles, 16 de septiembre de 2020

La dignidad humana

 Se está planteando la eutanasia pre o post-natal, arguyendo falsas razones de caridad ciudadana, egoístas disfrazadas de argumentos sentimentaloides.

No nos aferremos a estas banalidades fútiles, a estas mentiras dirigidas poco a poco sutilmente.

Dicen ustedes que los bebés en el vientre materno no son aún personas, en España hasta las 48 horas después de nacer no tienen ente jurídico (¿y qué?). Es una criatura fruto del amor de sus padres, tiene una dignidad moral, desde el momento de su concepción hasta la muerte natural.

¿Qué viene con características diferentes? Claro que sí, la mayor parte de ellas se podrán subsanar con cariño y medicación adecuada siendo un acicate positivo para toda la familia.

Les pongo un ejemplo sencillo: un niño, de dos o tres años, va al parque con su madre, sube al columpio, cae de mala forma y ¿qué debe hacer la mamá en ese momento? El chiquillo en el suelo con una postura absurda que le dificultará su movilidad muchos años. El padre lo ve de aquella forma, saca una pistola, lo remata y ya está; en su soberbia se cree un hombre justo y equilibrado. Así no sufrirá el niño. ¡Quiá!

¿Es justo matar a un crío indefenso so pretexto de quedar paralítico o retrasado en todos sus movimientos? ¡Mentira! Disfrazada de piedad peligrosa, como explicaba Stephan Zweig, en su importante libro de ese mismo nombre, un falso egoísmo que siguió Esparta, Roma y ahora medio mundo trata de disculpar. Muerte a los inocentes. No nos engañen con cantos de sirenas, con discursos hueros que no prosperan; la crueldad con los más indefensos está clara.

Lo lógico es entender que todo ser humano tiene derecho a nacer e incorporarse a la vida con distintas capacidades y poseen todos la misma dignidad.

Dejen de lado las mentiras disfrazadas y verán cómo descansa su mente del estrés y el egoísmo: abran las ventanas al sol y respiren hondo; y aprendan que sin ese espíritu, no sabríamos hoy ni internet, ni fútbol, ni religiosidad ni música: “La dignidad es intrínseca a toda persona”. Nacemos con ella lo crean o no, doy solamente unos nombres famosos que cambiaron el mundo: Ludwig van Beethoven, San Juan Pablo II, Steve Jobs, Cristiano Ronaldo, John Lennon, Céline Dion, Andrea Bocelli y actualmente, Nobuyuki Tsujii, uno de los mejores pianistas del mundo por su técnica y sensibilidad, nacido en China, ciego y Síndrome de Down.

Piensen en esto y cambien el chip.

lunes, 11 de mayo de 2020

Son mis hijos. Dieciséis

Tengo suerte de tener una familia numerosa, una tribu unida por los apellidos; creo que ha sido un logro de sacrificio diario y alegría continua: eso que no se estila hoy en día porque estamos necesariamente ocupados en el trabajo, hipotecas, clases de inglés, gimnasia, deportes y hasta el estudio de lenguas orientales que parecen ser el porvenir del futuro.
Estamos tan agobiados, que se nos pasan los días, sin hablar con ellos, sin leerles un cuento después de cenar, sin enseñarles a rezar diariamente antes de dormir, ni bendecir la mesa dando gracias por todo lo que recibimos de balde; Y preguntarles con delicadeza como les ha ido el día con sus amigos en el colegio.
Pegados al televisor, no dialogamos demasiado, no tenemos tiempo, mientras ellos, encerrados en su cuarto, con auriculares a veces, no nos escuchan, se aíslan en un mundo irreal, que paradójicamente les hace perder la fantasía y la ilusión, cosas bien necesarias en la infancia. Me dirán ustedes que eso está pasado de moda, que otrora se vivía de otra manera.
Y en parte tienen razón, pero tienen que pensar que un hijo/a, viene a su casa, se educará en ella y recordará con cariño, contando a sus hijos después, los teatros hechos con sábanas viejas que representaban en el comedor, los paseos por el campo en bici, las tertulias de los sábados por la tarde, y los libros de aventuras que leyeron con sus padres antes de dormir.
Ser progenitores, es un negocio a plazo fijo y largo, es hacer pequeños hombres y mujeres libres que sabrán sin mojigaterías, distinguir entre lo bueno y lo malo, aprendiendo sencillamente a amar al prójimo porque es lo mejor, a usar su cabeza y corazón como han visto en el hogar familiar, con naturalidad; serán felices porque han sido escuchados, y no tendrán complejos.
Debemos entender de verdad, que ser padre o madre es una carrera más difícil que una Ingeniería o Judicatura, viene a ser como torear unos Miuras en la Maestranza, sin haber nacido Antonio Bienvenida, pero se aprende, con cariño y paciencia.
Se asombrarán del resultado, cuando pasen unos años, nos darán más interés que cualquier banco, lo aseguro. Nada es tan reconfortante como ver una familia que se quiere y respeta a los demás, porque lo aprendió en su casa alrededor de una camilla de padres entregados.
Muchas gracias.

lunes, 17 de febrero de 2020

Una mujer muy cercana

Tuve la suerte de conocer a una gran mujer. Amparo Portilla Crespo, me impresionó desde el primer momento. Destacaban en ella unos ojos azules claros y la sonrisa pronta, fruto de su alegría interior. Amable, servicial y caritativa, amiga de todos e incapaz de hablar mal de nadie. No consentía las murmuraciones ni los comadreos. Siempre disculpaba al ausente, poniendo un contrapunto de bondad.
Tenía muchas amigas en el Colegio del Sagrado Corazón de Valencia, que la querían de verdad por su generosidad y cercanía. Amigas que siguió conservando desde la adolescencia hasta su enfermedad muchos años después.
Conoció en la capital al amor de su vida, Federico Romero, poniendo su noviazgo en manos de Dios, con los mismos proyectos comunes para su matrimonio, duradero. Como así fue.
Felizmente casada con Federico Romero, constituyeron un matrimonio maravilloso del que nacieron once hijos, en una vida plena y enamorada, no exenta de penurias económicas que llevaron con elegancia y sentido del humor.
En su casa, llena de chiquillos, reinaba esa paz que caracteriza a las familias cristianas, donde abuelos, tíos y cuñados eran tratados con especial cariño.
Hacía muchas obras de caridad, en silencio, sabía dar y retirarse a tiempo, sin engreírse lo más mínimo. Su virtud más relevante, la caridad con todos y el acendrado Amor a Dios y la Santísima Virgen, basado en su profunda fe.
En la plenitud de los años, ofreció su vida por la salvación de sus hijos, Dios le tomó la palabra. Tuvo un cáncer de pulmón durísimo, que sobrellevó, como lo que era, una gran mujer, sufrida y cercana. Soportó varias operaciones muy delicadas, quimio, radio, una gran herida sin cerrar que requería fuertes y dolorosas curas “más de 700”, hechas por sus hijos médicos, ya en la fase terminal en casa; nada de esto le hizo perder la sonrisa ni la amabilidad, nos decía que su vida había sido muy feliz y plena.
Participaba en las conversaciones familiares y de amigos que la visitaban con frecuencia, era ella quién nos consolaba quitando hierro a su enfermedad.
Se fue al Cielo la madrugada del diez de mayo de 1994. Sus hijos forcejearon por retenerla y Dios por llevársela con Él, pudo más su Amor y exhaló dulcemente el último suspiro, como siempre hizo en vida.
Está en proceso de Beatificación y su cuerpo descansa en la Cripta de la Almudena en Madrid.
Cercana, ejemplar, sencilla y caritativa, futura Santa, Dios mediante, así fue mi cuñada para ejemplo de muchos, que pueden aprender diariamente, haciendo de la vida normal, endecasílabos de Amor en el libro de los Santos.
Muchas gracias.