Mi familia

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lunes, 11 de mayo de 2020

Son mis hijos. Dieciséis

Tengo suerte de tener una familia numerosa, una tribu unida por los apellidos; creo que ha sido un logro de sacrificio diario y alegría continua: eso que no se estila hoy en día porque estamos necesariamente ocupados en el trabajo, hipotecas, clases de inglés, gimnasia, deportes y hasta el estudio de lenguas orientales que parecen ser el porvenir del futuro.
Estamos tan agobiados, que se nos pasan los días, sin hablar con ellos, sin leerles un cuento después de cenar, sin enseñarles a rezar diariamente antes de dormir, ni bendecir la mesa dando gracias por todo lo que recibimos de balde; Y preguntarles con delicadeza como les ha ido el día con sus amigos en el colegio.
Pegados al televisor, no dialogamos demasiado, no tenemos tiempo, mientras ellos, encerrados en su cuarto, con auriculares a veces, no nos escuchan, se aíslan en un mundo irreal, que paradójicamente les hace perder la fantasía y la ilusión, cosas bien necesarias en la infancia. Me dirán ustedes que eso está pasado de moda, que otrora se vivía de otra manera.
Y en parte tienen razón, pero tienen que pensar que un hijo/a, viene a su casa, se educará en ella y recordará con cariño, contando a sus hijos después, los teatros hechos con sábanas viejas que representaban en el comedor, los paseos por el campo en bici, las tertulias de los sábados por la tarde, y los libros de aventuras que leyeron con sus padres antes de dormir.
Ser progenitores, es un negocio a plazo fijo y largo, es hacer pequeños hombres y mujeres libres que sabrán sin mojigaterías, distinguir entre lo bueno y lo malo, aprendiendo sencillamente a amar al prójimo porque es lo mejor, a usar su cabeza y corazón como han visto en el hogar familiar, con naturalidad; serán felices porque han sido escuchados, y no tendrán complejos.
Debemos entender de verdad, que ser padre o madre es una carrera más difícil que una Ingeniería o Judicatura, viene a ser como torear unos Miuras en la Maestranza, sin haber nacido Antonio Bienvenida, pero se aprende, con cariño y paciencia.
Se asombrarán del resultado, cuando pasen unos años, nos darán más interés que cualquier banco, lo aseguro. Nada es tan reconfortante como ver una familia que se quiere y respeta a los demás, porque lo aprendió en su casa alrededor de una camilla de padres entregados.
Muchas gracias.

1 comentario:

  1. Una gran lección sobre lo que es la educación para la felicidad, crear un buen ambiente en el hogar.! Que distinto a lo que abunda hoy! Tantas separaciones y divorcios

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