Recuerdo desde pequeña la llegada del Niño Jesús, el Portal de Belén que fabricaba mi padre con papel de periódicos y escayola. Sus manos subían doblando y coloreando con ojos de chispitas, finalmente colocaba a la Sagrada Familia.
Aquel ambiente duró
mucho tiempo en mi cabeza, el Niño chiquito, la Virgen y San José protegiendo
al Rey de los Cielos: un conjunto sobrenatural que prendió en los corazones de
todos, es algo connatural.
Hoy en día es verdad
que lo que nos rodea son cientos de deseos cada vez más grandes e innecesarios
y estamos escasos de valores.
He leído en el móvil
unas frases duras sobre la actitud del Santo Padre; e incluso juzgando
equivocadamente, la mano que tiende acercando a quien lo necesita más.
Me recordaba a Jesús
cuando vio a la mujer que iba a ser apedreada.
El Señor, nuestro
ejemplo siempre, es la semblanza del Papa Bergolio; está elegido en el Cónclave
y es siempre nuestro guía.
No equivoquemos sus
palabras pues todo en él es Amor profundo a la humanidad.
Muchas gracias.