Mi familia

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martes, 17 de febrero de 2015

Mentiras disfrazadas

Las mentiras disfrazadas son los discursos de famosos, millonarios y políticos en época de elecciones, de los listillos de turno, que quieren convencernos del rápido arreglo del país, gracias a un marketing bien planeado y una desfachatez sin nombre.
Todos ellos, lobos disfrazados de corderos, presumen de la ayuda a los más necesitados, solucionando problemas que sus contrarios no terminaron.
¿Cómo podemos creerles si no practican lo que prometen, ni tienden una mano a las familias desestructuradas llevando los recursos necesarios que impidan su desesperación?
Vemos también impunemente como cada cinco minutos muere un niño indefenso en un abortorio, pagado además con nuestros impuestos.
Contemplamos sin despeinarnos cifras de dinero desaparecido, dinero que compra poder, poder que recoge favores y votos, al carísimo precio de millones de vidas cercenadas; y admitimos una frase manida y manipulada tan hábilmente que parece verdad.
“La mejor, la interrupción del embarazo”, ¡Ojo! Eso no es verdad; se interrumpe algo que luego se puede continuar, por ejemplo, una lectura, una luz, etc… En el embarazo no se puede hacer, sencillamente se mata de forma cruel y diaria, a miles de niños, con técnicas abrasivas, durísimas, y de fuerte succión en un frío quirófano.
No nos cuenten mentiras que nadie cree ya, formas de legislar que nos horrorizarán años más tarde.
Somos un país de viejos, cada día más, los jóvenes emigran buscando nuevos horizontes.
Pónganse las pilas, creen empleos, incentiven proyectos, en lugar de abortorios, recuperen el dinero malgastado en estos últimos treinta años, y devuelvan así la honradez e ilusión perdidas.
Construyan, no deshagan, cumplan, no prometan, y realicen finalmente cambios sensatos.
España, Señores Políticos, lo merece, el país lo necesita, y las mentiras disfrazadas, déjenlas en casa, está a punto de terminar el Carnaval.  

viernes, 6 de febrero de 2015

No somos ángeles

Apenas amanece, escucho el silencio de la ciudad dormida, hace frío y me viene a la memoria una deliciosa película de tres personajes protagonizados por Humphey Bogart, Peter Ustinov y Aldo Ray, gigantes de la interpretación, que nos narra el asombro de estos hombres duros pero bonachones que contemplan como la avaricia, el egoísmo y la búsqueda del placer, deshacen el porvenir de las familias honradas.
En Pro-vida, 40 voluntarios, dedican sus horas a atender mujeres salvando miles de vidas inocentes, los niños que quieren y deben nacer.
Es arduo, difícil, y requiere una entrega total, un olvidar los problemas, dejándolos en el bolsillo, y cerrando después con fuerza la cremallera.
Ser tachados de retrógados...Cuando Pro-vida es lo más moderno del entorno, cumpliendo una meta social profunda y veraz; la defensa de las personas y su integración en la sociedad, el respeto a las libertades y la formación a mujeres necesitadas. Todo esto es un heroísmo diario que pasa desapercibido.
No importa, la prueba fehaciente de ello son los 3.021 niños nacidos los últimos 8 años, gracias a ese callado y enorme trabajo.
Sí señor, no somos ángeles aún, pero cuando menos se espere sonarán campanillas de colores y quizá nos regalarán unas pequeñas alas con las que volar eternamente.
Todo es posible ahora que la ciudad duerme y comienza junto al río el embrujo de la Semana Santa. Sevilla es mucha Sevilla y apuesta siempre por la Vida.

jueves, 5 de febrero de 2015

¿Modernas ó esclavas del tiempo?

La verdad es que no lo sé bien, sobre todo cuando miro fotos de revistas del corazón donde las mujeres alisadas de arrugas, operadas de boca y nariz tienen un rostro singular.
El de sonrientes modelos de mirada triste, ¿se han fijado ustedes? Tienen dinero, casas impresionantes y poses muy estudiadas, mirando a la cámara, mientras dicen con voz engolada:
“Vengo cansadísima del golf, luego iré a Pilates que es fantástico, además cenaré alimentos macrobióticos que ayudan a regenerar mi figura…” …Y siguen…
Son las mujeres que más tienen en nuestro país, las que solamente piensan en ganar años al tiempo; adelgazar más, gastar el resto y vestir como sus hijas “teenagers”.
Y cuando más confusa estoy de esta sociedad huera, veo por la calle una madre embarazada, con cuatro chiquillos más, una viejecita en silla de ruedas acompañada cariñosamente por un familiar, y completando el cuadro, dos monjas de Santa Ángela que vienen en silencio de cuidar enfermos.
Rápidamente, como sin querer, miré sus ojos, aquellos cuatro pares, eran alegres, con chispitas de colores; para ellas el tiempo no eran años, si no días regalados a las demás, al cariño que ni se compra ni se vende.
Entonces, me dieron pena las primeras, aquellas que salen en las revistas del corazón sin arrugas, sonriendo a la cámara, pues son esclavas de nuestro tiempo, de esa falsa modernidad que olvidándose de todo, como en los cuentos, dicen: “- ¿Seré la más guapa? ¿La más joven? Y nadie las acompaña a su lado; Su egoísmo lo impide. Algún día, ellas mismas encontrarán la respuesta, haciéndose eternamente jóvenes.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Me estoy haciendo un lío

De verdad no sé qué pensar, tras las frases de personas “inteligentes” que comentan en los medios de comunicación: “Sabemos qué hacer, lo ejecutamos”, “Somos un partido fuerte”, “La democracia está por encima de todos”, etc…

Sigo sin entender; dicen saber muy bien cómo obrar y prometen a sus votantes cosas que luego no cumplen. ¿Es eso ser coherente ó contribuir políticamente haciendo un Gobierno que delinque?
Un partido fuerte ¡señor! ¿Cómo serán entonces los débiles?
Ponen la democracia como lo más perfecto, ni hablar; por encima está la ley natural, la moral y los valores, Providencia de Quien nos ha creado.
Miren ustedes, “señores inteligentes y progresistas” el mundo rueda según nuestro capricho, pero la verdad permanece.
No hay más que mirar la cadena perfecta del ADN, en los hombres, plantas y animales, la paleta de colores verdes en la Naturaleza, las estrellas y comprenderemos que existe lo queramos ó no un Ser Superior que ha podido crearla.
Ustedes no suelen ojear libros, como el Derecho Romano, ó diccionarios explícitos, donde se explica que la expresión “interrupción del embarazo” no existe, es un ASESINATO de un niño indefenso.
¿Qué les ocurre? ¿Se sienten culpables de algo? ¿Ó se creen realmente lo que proponen?
Les aconsejo leer a Saramago en su magnífica definición de hijo, a Gandhi, en su pacifismo y condena del aborto, y a los cientos de religiosas/os que ayudan a los más necesitados y enfermos, dando lo mejor de sí mismos. Todos ellos y algunos más, destilan consecuencia y amor.
Escojan pues mejor sus definiciones, y las acciones reflejo de los actos que pregonan y desbaratan a su antojo.
España está hecha un lío, como yo, habiendo llegado a la conclusión, que no es lícito contar mentiras.