La verdad es que no lo sé bien, sobre todo cuando miro fotos de revistas del corazón donde las mujeres alisadas de arrugas, operadas de boca y nariz tienen un rostro singular.
El de sonrientes modelos de mirada triste, ¿se han fijado ustedes? Tienen dinero, casas impresionantes y poses muy estudiadas, mirando a la cámara, mientras dicen con voz engolada:
- “Vengo cansadísima del golf, luego iré a Pilates que es fantástico, además cenaré alimentos macrobióticos que ayudan a regenerar mi figura…” …Y siguen…
Son las mujeres que más tienen en nuestro país, las que solamente piensan en ganar años al tiempo; adelgazar más, gastar el resto y vestir como sus hijas “teenagers”.
Y cuando más confusa estoy de esta sociedad huera, veo por la calle una madre embarazada, con cuatro chiquillos más, una viejecita en silla de ruedas acompañada cariñosamente por un familiar, y completando el cuadro, dos monjas de Santa Ángela que vienen en silencio de cuidar enfermos.
Rápidamente, como sin querer, miré sus ojos, aquellos cuatro pares, eran alegres, con chispitas de colores; para ellas el tiempo no eran años, si no días regalados a las demás, al cariño que ni se compra ni se vende.
Entonces, me dieron pena las primeras, aquellas que salen en las revistas del corazón sin arrugas, sonriendo a la cámara, pues son esclavas de nuestro tiempo, de esa falsa modernidad que olvidándose de todo, como en los cuentos, dicen: “- ¿Seré la más guapa? ¿La más joven? Y nadie las acompaña a su lado; Su egoísmo lo impide. Algún día, ellas mismas encontrarán la respuesta, haciéndose eternamente jóvenes.
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