Y dirán ustedes no sin razón, seguir… ¿Adónde?, ¿Se puede? ¿Para qué? Muy sencillo y natural. Ayudando a mujeres necesitadas de cariño, llenas de decepción en su continua soledad. A no mentir, a no esperar nada a cambio, a salvar vidas de inocentes sin culpa; a explicar al mundo entero que la maternidad es maravillosa a pesar de las mentiras que nos rodean y las dificultades por las que el país está pasando.
Se puede cambiar si queremos, poder es olvidarse de uno mismo, echar un paso adelante, con las ideas claras, sabiendo que “LAS VIDAS SI NOS IMPORTAN”. Las madres y sus hijos son ese fundamento que rompe esquemas, la mano que mece la cuna es la dueña del mundo, de la entrega diaria, la sinceridad y la firmeza. Se puede hacer lo que se debe, y se debe hacer lo que es bueno, ético y moral. Para ello, hay que levantarse del sofá, de la apatía que todo lo invade en una sociedad carente de valores. No podemos quejarnos de lo que otros destruyen, si no hacemos nada por cambiar lo que en conciencia vemos intrínsecamente malo y admitimos tapándonos la nariz y mirando hacia otro lado. No importan las equivocaciones, nos enseñan a seguir con humildad pudiendo realizar un nuevo país, unido y libre.
Se puede remar contra el viento, cansa al principio, pero ese aire lleva en su interior átomos de libertad, color indeleble de verdades y sabor reconfortante de ayudar a que muchas familias sean más personas y más felices.
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Eso que es un ejercicio de voluntad diaria se llama AMOR y está al alcance de todos, no cuesta dinero, no pide prebendas ni aplausos.
Se puede. Se llama prójimo y está esperándonos a la vuelta de la esquina.
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