Mi familia

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miércoles, 16 de diciembre de 2015

Un poco más de respeto

He podido leer en las redes sociales, periódicos, etc., una noticia escueta, absurda e incomprensible: “Quiere erradicarse la Navidad”.
Es sencillamente una propuesta demencial; vamos a ver, hace dos mil quince años, ocurrió un hecho que cambió, sencillamente, el mundo. Una noche fría, en un establo, una mujer María, la Doncella por excelencia, un Varón justo José, que significa en arameo, Dios añadirá, y un Niño llamado Enmanuel, Dios con nosotros, rodeados de sencillos pastores, fueron encontrados por una estrella brillante y reconocidos por tres sabios magos que se postraron ante aquella Belleza y Divinidad-  “La Navidad”.
Y pasaron algunos años, y Áquel Enmanuel creció, sanó enfermos, predicó el Amor entre los hombres, ayudó a pobres desvalidos, dio dignidad a la mujer, perdonó a la Humanidad, y entonces le persiguieron, injuriaron, crucificaron y mataron.
Y resucitó Glorioso un Domingo de Pascua, y caminó de nuevo, subió a la barca de pescadores y acalló la tempestad, y perdonando de nuevo, todo ello ocurrido y demostrado, hace más de dos mil años, “ese es su verdadero valor”. Y esa Grandeza sigue regalándonos gratuitamente a todos los hombres y mujeres el aliento de vida y la libertad, las dos cosas que más debemos amar y sin embargo atacamos.
¿Por qué? ¿Qué es lo que arrostra  a este malestar, a este odio a los sagrado y tangible? Lo creamos ó no cada día amanece sin nuestro permiso, lo creamos ó no, existe un Ser Superior que mantiene los planetas en el sitio exacto, que nos proporciona el aire, el agua y el sol y que pinta con mil verdes distintos cada especie de árboles, cada billón de peces y pájaros incontables en su variedad.
Y las antiguas civilizaciones lo entendieron en su cultura y grandeza; y a lo largo de los siglos, se arrodillaron dando las gracias en cada época distinta que transcurría, “y se seguía celebrando la Navidad”.
Hasta los villanos cantaron trovas de amor sencillas que se llamaron después villancicos.
Y en la Primera Guerra Mundial en pleno fragor de la batalla, alguien comenzó a tararear el “Noche de Paz” y los cañones y fusiles callaron, se saltaron las alambradas y por unas horas aquellos duros guerreros intercambiaron abrazos y cigarrillos. Todo esto y muchísimo más sucedió recordarán ustedes aquella noche fría en la que una mula y un buey se quedaron sin aliento calentando al Rey del Mundo junto a los pastores, la estrella y los Magos.
¿Y eso es lo que quiere algún bobo de turno erradicar?
Sin derecho y sin respeto, saltándose el Artículo 16 de la Constitución, porque sí, pues no tienen en las manos más que la sinrazón de la razón.
Ya está bien de pamplinas, de recursos sacados de la chistera, de inventar y aprobar folios insulsos y sin respeto a los demás.
Promulguen leyes justas Señores con los necesitados, con las mujeres desestructuradas, con los ancianos y enfermos, apriétense los cinturones, aprendan a mirar la vida de otra manera y no ataquen lo que sienten y saben bien, y por egoísmo ó soberbia, lo rechazan.
Un poco más de respeto, construyan con dignidad, miren a sus alrededor y piensen que cada amanecer, lo crean ó no, el sol saldrá por el mismo sitio, las estrellas se pondrán sus trajes de etiqueta y los niños de mirada limpia seguirán viendo el pesebre, los Reyes Magos con la estrella esperando a Áquel que cambió la faz del mundo por Amor una noche de Navidad.

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