Mi familia

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lunes, 5 de diciembre de 2016

Un poco de urbanidad

Recuerdo que hace unos años estudiábamos en el colegio, “el libro del niño bien educado”: sé que suena cursi y desfasado. Pues miren ustedes, no es así.
Todas las cosas que nos ayudan a ser más amables, corteses y correctos en el protocolo y la vida familiar merecen una buena nota.
Un tanto por ciento elevado de formación y “savoir faire” que dicen los franceses, nos resulta imprescindible para mejor andar por la vida.
Saber escuchar, sonreír frecuentemente, hablar de cosas que interesen a los demás, tener sentido del humor fino, sin sarcasmos, ayudan a una convivencia más feliz.
Comer con sobriedad y sin gazmoñerías, alabar la buena mesa y el servicio, terminando con una tertulia breve en el postre, sirve para unir más a la familia y dar ejemplo, no imponiendo, con naturalidad.
Eso tan difícil que suele heredarse de generación en generación, y se llama clase, que no depende del dinero si no de intentar hacer las cosas con cariño y alegría.
Sí debemos retomar ese libro de Urbanidad nuevamente y enseñar sus excelencias; hasta las empresas en el equipo de recursos humanos deben exigirlas, para captar mejor los clientes.
Mientras, en la calle debemos insistir en el respeto, a los mayores, a la forma de pensar de los demás, etc…
Y repasar a diario ese libro tan olvidado y estupendo, esos consejos dados por la experiencia, las maneras de hacer bien las cosas, sin tremendismos, actuando así, como hacemos para respirar bien, sin apenas darnos cuenta, pues al final conseguiremos ser más señores, más elegantes, como solía explicar Coco Chanel, “la moda pasa, los años también, pero el estilo permanece”. La clase…eso siempre permanece como buen hacer.

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