Cuenta Alejandro Dumas en su historia
la vida y hazañas de tres valientes y un gran amigo llamado D´Artagnan; que
luchando a capa y espada, protegían a damiselas, reinas e incluso tronos de las
insidias malvadas y triunfaron de pleno recibiendo el aplauso de los más
desfavorecidos y palaciegos.
Volando en la historia, ayer recibió
el último mosquetero del siglo XXI su laurel, la Eternidad.
Se llamaba Javier Echevarría y era un
joven simpático, abogado, que se hizo sacerdote por Amor a Dios. Ya de sotana
en Madrid, tras muchos afanes en las barriadas de la periferia, trabajó con
gente adolescente a la que pulió y enseñó varios oficios.
Viajó a Roma y siguió haciendo lo
mismo por y para todos de igual manera, creando escuelas de capacitación en los
barrios más pobres; luego fue ampliando sus miras en otros países y
continentes: Perú, Guatemala, África, China y Japón.
Nada frenó su ímpetu tras las huellas
de sus predecesores, S. Josemaría Escrivá y el Beato, Álvaro Del Portillo; D.
Javier con su sempiterna sonrisa y su acento madrileño, atrapó medio mundo en
las redes de la bondad, haciendo suyas las palabras de “ahogar el mal en
abundancia del bien”: nada le arredró, ni sus operaciones de corazón, ni las
intervenciones de columna, que sufrió sin queja alguna.
Los que tuvimos la suerte de
conocerle y tratarle, notamos ese aura de paz y serenidad que transmitían sus
palabras y sus gestos, era sencillo en su grandeza, sobrio, equilibrado y
cercano. Sabía escuchar y entender, sabía disculpar y amar, en resumen, era un
gentleman que supo dar lo mejor de sí mismo a los demás.
Tanto regaló, que ayer tarde, el
Creador consideró el momento justo para llamarle y premiarle con una Vida Eterna.
Estará en un sitio especial, tras sus dos mentores, S. Josemaría y el Beato
Álvaro; no le gustaba sobresalir en nada. Eso sí, ha dejado una estela
imborrable de eficacia y bondad en este mundo que mejoró con su trabajo diario,
visitando hospitales, universidades y barrios extremos, sabiendo aunar como nadie
a pobres y ricos, a razas y credos como un mosquetero de Dios sacado de la
Historia, vestido con una sotana de Amor y un corazón que puso a los pies de
todos.
Bordó con hilo invisible una red de
bondad en el mundo envuelto gracias a él, eterno D´Artagnan, el más joven y
justo de los mosqueteros, conquistando sin espada con su palabra y su inefable
sonrisa de paz, reflejo interior de su alma y cariño, desde mañana seguirá enviando
a manos llenas, ese Amor, tras las nubes, en el albero azul del Cielo.
Muchas gracias D. Javier.
No hay comentarios:
Publicar un comentario