Es el que te entusiasma, encandila, enloquece una corta temporada, nunca demasiado larga, porque “el amor se acaba” y ya no somos cómplices. Luego llega un segundo, de características similares, más alto, guapo y sexy que el anterior, comparando desde la cercanía se elige éste último, no faltaría más, la vida es corta y hay que vivirla a tope.
El desencanto es mayor, en breve tiempo, no cumple mis expectativas, no es lo que pregonaba, me proponía un compromiso serio, a largo plazo. ¡Qué barbaridad! Hoy en día, sin libertad, atada a una persona que no sé si pasado mañana me hastiará, es inconcebible y anticuado.
Frecuentaré otros lugares, pondré tierra por medio y allí conoceré al hombre de mis sueños. Y vuelta a empezar el juego de las apetencias insulsas, vacías y sin responsabilidad, las reflejadas en “papier couche” revistil que tanto venden.
Con suerte, podré salir contando mis pensamientos en algún programa televisivo “ad hoc” y seré al menos condesa del pueblo, ¡menudo negocio!
¿Qué ropa deberé elegir? La más cara, de marca, y con destellos nuevos, debo resaltar mi figura, la imagen del yo que refleja mi espejito mágico escondido.
Esa lámina gris, a la que me asomo a diario, pidiéndole consejo, claro como no responde, voy a mi libre albedrío, frecuentando novios que tanto me enloquecen, entusiasman y encandilan, sin enterarme que dejo el corazón a jirones y que el tiempo corre inexorable, y seré cada día, más adusta y huera, más exigente e incomprendida, en resumen, más sola entre los que me rodean.
Entonces entenderé que mi existencia ha sido siempre egoísta, que la felicidad que ansiaba estaba dentro esperándome.
Dejaré de buscar ese hombre ideal que no existe, esas apetencias frívolas que nunca llenan, así sola ante la verdad, empezará a construir una vida nueva que me hará ser más mujer y más libre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario