Empieza el día, es
muy temprano, aún no ha amanecido y la casa permanece dormida: pero el aire es
distinto, se nota como un vientecillo fresco en el ambiente. Trae aromas del
desierto, canela, y albahaca, arena y tintineo en las cinchas de los camellos
que jadean con su carga, ésa que llenará los ojos maravillados de todos los
niños de corazón puro.
A nuestro alrededor
los ángeles se apresuran ayudando, ahora unas palabras de aliento a los Reyes
Magos, ó un pequeño empujón a los pajes que embalan los últimos presentes.
Mientras el mundo de los mayores, indiferente, sigue hablando de política,
afanándose en llegar los primeros al puesto más alto; tanto que a veces parecen
llevar una coraza puesta que les aisla de la ilusión.
Trabajan mucho, es
verdad, y hacen cosas necesarias, también, pero no pueden saborear esa fantasía
dorada que envuelve la Navidad fría y dulce.
Creo que me dará
tiempo esta madrugada aún, a mandar un mensaje urgente a Melchor ó Gaspar ó
quizás Baltasar, pidiendo ciento y una gafas de cristal amielado que les “hagan
ver, la vida de otra manera”, con asombro de niños pequeños, sin malicia, con
Amor desinteresado, con capacidad de sonreír ayudando a todo el que lo
necesite.
En resumen, cambiando
en un plis plas ese mundo triste que fabricamos los mayores pues hemos perdido
la alegría en el camino de la vida acelerada.
Señores Reyes Magos,
traigannos en grandes sacos el polvo de la ilusión, mezclado con virutas de
buena voluntad, que nos enseñen así, que tenemos todos los dones prestados para
ser más felices y mejores; eso sí, debemos usar las antiparras mágicas y
amieladas, haciéndonos niños, de grandes ojos que miran asombrados la Cabalgata
de Oriente; Esperando desde los hogares, sintiendo el olor a canela y albahaca
y, el vientecillo fresco, oyendo pisadas de los camellos, que barrerán con su
arena, la indiferencia, y el desamor.
Empieza a clarear,
amanece, una mágica mañana de Reyes.
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